Patógenos artificiales y pandemias globales: la amenaza para la que el mundo no está preparado

Tememos que solo sea cuestión de tiempo que nos enfrentemos a un patógeno más mortífero y contagioso, pero la amenaza de una pandemia letal se sigue ignorando peligrosamente.

En 2003, un médico con el síndrome respiratorio agudo grave (SRAG) infectó, sin saberlo, a varios huéspedesdel hotel en el que se alojaba enHong Kong (China). Después, de la noche a la mañana, el virus ya había dado la vuelta al mundo. Hoy, China combatecontra una gripe aviar que mata a casi la mitad de las personas infectadas. Si el ébola, que setransmitepor los fluidos, lo hiciera por el aire, o si el Zika, que ha llegadoa más de 50 países, fuera tan mortalcomo el ébola, nos enfrentaríamos a una catástrofe sin precedentes. Un brote incontrolable o un ataque bioterrorista podría traducirse en un contagio masivo que mataría a más de 30 millones de personas.

Tememos que solo sea cuestión de tiempo que nos enfrentemos a un patógeno más mortífero y contagioso, pero la amenaza de una pandemia letal se sigue ignorando peligrosamente.Las pandemias se producen hoycon mayor frecuencia debido a factores como el cambio climático, la urbanización y los viajes internacionales. No son los únicos. Una Organización Mundial de la Salud (OMS) debilitada, los potenciales recortesmasivos enla financiación deinvestigaciones científicas estadounidenses y ayudainternacional-incluidos los fondos deNaciones Unidas-, apuntan a una vulnerabilidad aún mayor. También nos enfrentamos a una serie de nuevas mutaciones de patógenoscapaces de propagarse y matar con más rapidez que las enfermedades que hemos visto hasta ahora. Con la aparición detecnologías de edición genómica, los bioterroristas podrían crear de manera artificial sus propias plagas, una amenaza que el antiguo secretario de Defensa de Estados Unidos,Ashton Carter, cree que podríaequipararse ala letalidad de las armas nucleares.

Dos de losautores de este artículohemos asesoradoal presidente de Guinea sobre cómo frenar el ébola. También hemostrabajado en la búsqueda de maneras de contener la propagación del zika y asesorado de manera informal a varias organizaciones al respecto. Nuestraexperiencia nos diceque el mundo no está preparado frente a este tipo de amenazas.

Necesitamos cambiar esta situacióncon urgencia. Para ello, podemos empezar por aprender cuatro lecciones sacadasde las carencias detectadas durante las últimas epidemias de ébola y zika.

1. Un desarrollo de vacunas más rápido

La formamás eficaz de frenar unapandemia es con vacunas. Sin embargo, contra elébola no había ninguna disponible. Solo ahora, varios años después, se ha conseguido demostrar la eficacia de una. Lo mismo ha ocurrido con el zika. Sin embargo, y aunque se han producidoavances notablesen el desarrollo y comercialización de las vacunas, estos no han sido lo suficientemente rápidos y el zika se ha extendido por todo el mundo.

Muchas otras enfermedades carecen de vacunas,y desarrollarlaslleva demasiado tiempo cuando una pandemia ya está en curso. Necesitamos procesosde desarrollo y comercialización más rápidos, como el que intenta elaborar la Coalición para la Innovación y Preparación paraEpidemiaspara desarrollar vacunas de manera preventiva para los brotes deenfermedades que se esperan en un futuro próximo.

2. Herramientas diagnósticas en los puntos de atención

Incluso con tales esfuerzos, las vacunas no estarán listas a tiempo para muchas enfermedades. Tampoco representarían una opción frente anuevos patógenos o de diseño. Sin una vacuna para el ébola, nuestra mejor estrategia posibleeraidentificar a los infectados lo antes posible y aislarlos antes de que pudiesen transmitir la enfermedada otras personas. Debido aque los síntomas del ébola eran idénticos a enfermedades comunes como la malaria, su diagnóstico requería pruebas de laboratorio que no podían escalarse con facilidad. Como resultado, muchos pacientes solo se sometieron a pruebas tras varios días de ser contagiosos e infectar a otros. Algunos nunca sesometierona pruebas diagnósticas, y alrededor de un 40 % de los pacientes ingresados encentros de tratamiento del ébola no lo tenían en realidad.

Muchos patógenos peligrosos requieren pruebas en el laboratoriosimilares difíciles de escalar. Florida (EEUU), por ejemplo, no ha sido capaz de ampliar las pruebas para elzika:las mujeres embarazadas esperan semanas para saber si sus bebés podrían estar o no afectados. Lo que se necesita son herramientas diagnósticas en los puntos de atención que, al igual que las pruebas de embarazo, puedan utilizarlosequipos de respuesta inicial o los propios pacientes para detectar las infecciones enseguida, en el mismo lugar donde residen. Este tipo depruebas ya existepara muchas enfermedades, y las tecnologías subyacentes que las permiten están bien asentadas. Sin embargo, el proceso para su validación es lento y engorroso. Las herramientas diagnósticas para el ébola en los puntos de atención existían, perono pudieron utilizarsedebido a ese cuellode botella.

3. Mayor colaboración internacional

Necesitamos una mejor coordinacióninternacional. La responsabilidad de controlar y frenar unapandemiaestá fragmentada y repartida entre demasiados actores, sin ninguna autoridad unificadora. En Guinea, fraguamos una respuesta mediante una amalgama de más de 30 organizaciones, cada una de las cuales tenía sus propias prioridades. Tras la crisis del ébola, se han hecho llamamientos para la creación de un mecanismo de respuesta frente apandemias, similar a la planificación y formación avanzadaque la OTAN ha establecidopara que susmiembros respondan a amenazas militares de manera rápida y coordinada.

Este es el planteamiento correcto, pero nos queda mucho para verlo hecho realidad. Los errores que permitieron que el ébola se convirtieraen una crisis se repitieron con el zika, y la OMS, que debería ser el ancla de cualquieracciónglobal, sigue sufriendo una granfalta de credibilidad.

4. Mejores sistemas sanitarios locales

Los actores internacionales son esenciales durante una crisis, pero no pueden lanzarse en paracaídas sobre lospaíses afectadose integrarse en las dinámicas locales lo suficientemente rápido como para contener unbrote. En Guinea, llevó meses establecer los servicios requeridos para frenar el ébolasobre el terreno, mientras éste seguía propagándose. Tenemos que ayudar a los países en desarrollo a establecer sistemas sanitarios capaces de ofrecercuidados rutinarios y coordinarse, cuando haga falta, con los equipos de respuesta internacionales para contener nuevos brotes.

Para ello,podrían establecerse sistemas sanitarios locales por alrededor de la mitad de los 3.600 millones de dólares (unos 3.400 millones de euros) gastados finalmente en elaborar una respuesta al ébola desde cero. El acceso a cuidados médicos habitualestambién resulta esencial para saber cuándoestá arraigando un brotey crearuna relación de confianza entre la población y el personal sanitario. Durante meses, el ébola se propagó sin que nadie supiera quéestaba sucediendo, y después se mantuvo en el tiempoporque las poblaciones que nunca habían recibido atención médica básicadudaban de las intenciones de los extranjeros que llegabanen tropel a sus aldeas. El punto de inflexión de la pandemia se produjo cuando la población local empezó a confiar en lo que le contabansobre el ébola y entendió lo que se necesitaba hacer para frenar su expansión: identificar a las personas expuestas a la enfermedady enterrar a los fallecidos de formasegura.

Con el ébola y el zika, carecíamos de estas cuatro cosas –vacunas,herramientas diagnósticas, coordinación global y sistemas sanitarios locales– que aún se necesitan con urgencia. No obstante, la situación política actualdeEstados Unidos, un país que ha jugado un papel clave a la horade combatir pandemias por todo el mundo, amenazacon empeorar la situación. La administración Trump está buscando realizar drásticos recortes presupuestarios en la financiación de laayudainternacionaly lainvestigacióncientífica. El Departamento de Estado y la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos podrían perder más de un tercio de sus presupuestos, incluida la mitad de la financiación que normalmente proporciona EEUU a Naciones Unidas. Los Institutos Nacionales de la Salud de EEUU, que han estado a lavanguardia de las vacunas y las investigaciones diagnósticas, también podrían enfrentarse a recortes. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, que han formado parte de la primera línea de respuesta durante losbrotes infecciosos, siguencareciendo de director, y, si serevocala Ley de Cuidados Asequibles, perderían los 891 millones de dólares (unos 836 millones de euros), el 12 % de su presupuesto total, que reciben para programas de inmunización, monitorizarición y respuesta contra infecciones además deotras iniciativas de salud pública.

Invertir en nuestra capacidad de impedir y contener pandemias, gracias aunas instituciones estadounidenses e internacionales revitalizadas, debería ser un objetivo común. Sin embargo, si las agencias estadounidenses pierden finalmente parte de su capacidad para responder con eficacia a nuevas epidemias,instituciones líderes de otros países, como el Instituto Pasteur y el Instituto Nacional de Salud e Investigaciones MédicasdeFrancia, el Wellcome Trust y la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres en Reino Unidoy organizaciones no gubernamentales (las ONG han realizado investigaciones y trabajos de respuesta claves en otras epidemias) tendrán que dar un paso al frente para ocupar su lugar.

No existe ningún muro fronterizo contra las enfermedades. Las pandemias representan una amenaza existencial a la par con el cambio climático y los conflictos nucleares. Nos encontramos en una encrucijada crítica en la quehemos de dar los pasos necesarios para prepararnos frente aesta amenaza o nos volveremos aún más vulnerables. Sólo es cuestión de tiempo que nos golpee una pandemia más mortífera y contagiosa. ¿Estaremos preparados?


por
trad. Teresa Woods»

David Beier es director ejecutivo de Bay City Capital. Ha desempeñado diferentes roles directivos en la intersección del gobierno, la política y la tecnología, incluido el puesto de consejero político principal al entonces vicepresidente de Estados Unidos Al Gore. También ha sido vicepresidente de asuntos gubernamentales y políticos de Genentech, vicepresidente ejecutivo de asuntos gubernamentales globales de Amgen y consejero del Comité Judicial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. «

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