El capital riesgo y Silicon Valley se alejan de la lucha contra el cambio climático

Estados Unidos parece distanciarse a propósito de la innovación en tecnologías limpias cuando menos se lo puede permitir.

Este mes, la empresa de capital riesgo Kleiner Perkins emprendió el proceso de separar sus inversiones en tecnologías limpias de las del resto de su fondo. El cambio marca el final de una era. Diez años después de que la estrella de Kleiner John Doerr seconmovierahasta el punto de llorar durante su charla TED sobre el cambio climático, ya no hay duda de que el interés de los inversores de capital riesgo en energías limpias se desvanece.

Lainversiónestadounidenseen tecnologías limpias «se han visto drásticamente reducidadesde 2011»,según un nuevo análisis del Instituto Brookings. Aunque la tendencia se da desde hace más de cinco años, ahora resulta especialmente reseñable por dos motivos. Primero, otro análisis recientedel Instituto Brookingscomprobó que la innovación en energía limpia de Estados Unidos, medida por el número de nuevas patentes, también se redujo entre 2014 y 2016. Segundo, Ernst & Young, que durante años consideraba a Estados Unidos como el mercado más atractivo del mundo para invertir en renovables,relegó el país este año al tercer puesto, por detrás de China e India.

Estados Unidos parece distanciarse, a propósito, de la innovación en tecnologías limpias cuando menos se lo puede permitir.

Reconozco que tengo un interés personal en este tema: hace varios años trabajé para ungrupo dedefensa de la innovación entecnologías limpias. Aunque,la idea de que los inversores de capital riesgo abandonarían las tecnologías limpias llevaba circulandodesde al menos principios de 2012, al principio la recibí con escepticismo.Lainversión de capital riesgo en tecnologías limpias se redujo durante la recesión. Sin embargo, se mantuvo estable como parte de la inversión global del capital riesgo, entreun 15 % y un 17 % de 2008 a 2011. Además, argumentaba yo, otras medidas de la industriacomo las fusiones y adquisiciones de empresas de energías limpias,el crecimiento del empleo y la consolidación del sector avanzabanen la dirección correcta.

Hoy, soy menos optimista (aunque también reconozco que disfruto de una mayor distancia emocional frente al tema).

Según los datos delInstituto Brookings, lainversiónde capital riesgo en tecnologías limpias se hareducido no solo en términos de acuerdos y dinero, sino también como cuota dentro de la actividad general de los fondos y empresas de inversión.En 2011, las tecnologías limpias representaban casi el 17 % del total del capital riesgo invertido. En 2016, fueron menos del 8 %.«Está claro que todo esto refleja alguna reevaluación meditada sobre el papel del capital riesgo en la financiación de las tecnologías limpias», explicael investigador del Instituto BrookingsMark Muro.»Tal vez hayamos pedido demasiado al capital riesgo».

El informe continúa y afirma que las grandes empresas y sus fondos de inversión «llenanen parte elvacío». Pero su participación en acuerdos de tecnologías limpias también alcanzó su nivel máximo en 2011. Como señalan los autores del informe:»Estas empresas, con negocios existentes que proteger y mantener, tienen pocas probabilidades de ampliar su participación y subsanar una proporción mayor de la faltade financiación de tecnologías limpias disruptivas».

El hallazgo más peculiar del informe del Instituto Brookings es, que la inversión de capital riesgo en tecnologías limpias se ha trasladado hacia acuerdos con desarrollos en fases más avanzadas.Visto de manera optimista, puede que las empresas de capital riesgo hayan encontrado su nicho. Se han dado cuentade que determinados tipos de inversiones no encajan en su modelo, sobre todo los proyectos defase temprana que requieren mucho capital para tecnologías aún sin demostrar. Visto de forma pesimista, puede que las empresas de capital riesgo solo estén pastoreando sus inversiones anteriores, mientras dejan de financiar nuevas iniciativas y empresas emergentes.

El balance final, escriben los autores, es que:

«El dinero del capital riesgo no llegaa muchas tecnologías prometedoras, sobre todo a las más arriesgadas, las mismas que suelen tener necesidades financieras más elevadas y se requieren con urgencia para abordar el cambio climático».

Tal vez se deba a que los inversores se han distraído por loscantos de sirena de las empresas de redes sociales, especialmentetrasla enormemente exitosa oferta pública inicial (OPI) de Facebook en 2012. Tal vez se deba aque Estados Unidos nunca fijó un precio para el carbono. Tal vez se deba aque el auge de petróleo de esquisto dañó las perspectivas de las energías limpias.

Sean cuales sean los motivos, el cambio no supondríauna preocupación demasiado grande para nadie fuera de la industria, si Estados Unidos estuviera realizando una buena transición hacia las energías limpias. Pero el mayor problema es Washington. El Gobierno federal de EEUU a menudo está mejor posicionado para financiar arriesgadas tecnologías en fase temprana,que las empresas privadas, las cuales no suelen percibir los beneficios completos de este tipo de inversiones. Asimismo, el Gobierno puede incentivar a los negocios e inversores a través desus políticas, por ejemplo, al tasar las emisiones de dióxido de carbono eimpulsar las inversiónen energías limpias. Sin embargo,el informe de patentes de tecnologías limpias del Instituto Brookings muestra que el Gobierno de Estados Unidos reduce, y no aumenta,su compromiso con lainnovaciónenergética:

«Justo en el momento en el que los emprendimientos estadounidenses parainnovarenenergías limpias pueden estarse estancando, la administración Trump ha propuesto unos draconianos recortes presupuestarios que suscitan nuevas dudassobre el futuro del compromiso del país con uncrecimientoeconómico bajo en carbono.».

La administración actual también consideraretirarse de los acuerdos climáticos de París (Francia), algo quereduce la probabilidad de futuros compromisos internacionales por parte de EEUUcon lainnovaciónenergética. Trump tambiénha propuesto grandes recortes para los programas de innovación energética del gobierno federal. Ernst & Young cita la orden ejecutiva deTrump que revocó las normas y medidas delpresidente Obama sobre el clima, como uno de lasprincipales razones de la caída de EEUU en su clasificación.

«Hayalgunas cosas que hemos pedido alcapital riesgo que debiday necesariamente implicanactividades gubernamentales», afirmaMuro. «Hemos pedido alcapital riesgo que financieactividades casi deI+D». Por ejemplo, Muro seoponea la supresiónde la financiación de ARPA-E, un programa del Departamento de Energía de EEUU parafinanciar la investigación en energía y su comercialización, quepropone el presupuesto de Trump.

Si existe algún rayo de esperanza, Muro cree que es una nueva especie de fuentes de financiación filantrópicas y cuasifilantrópicascomoBreakthrough Energy Ventures,de Bill Gates, yPRIME. Estas iniciativas adoptan distintas formas y tienen distintas expectativas de retorno, pero compartenla voluntad de financiar tecnologías arriesgadasy la paciencia que requiere.

«Creo que todos deberíamos mostrarnos reacios a delegar enormes partes del sistema de innovación enredes de individuos adinerados», explicaMuro en referencia a la iniciativa de Gates. «Pero, en este caso, son suficientes dólares y parece suficiente compromiso como para formar parte del puente para la financiación del sistema».

Estaría genial que las empresas de capital riesgo y el resto del sector privado demostraran estar a la altura de su entusiasmo sobre las tecnologías limpias de hace una década. Pero, al echar la mirada atrás, se comprueba que la charla TED de Doerr supusoel momento álgido de la era postUna verdad incómoda, el documental sobre la campaña contra el cambio climático del exvicepresidente de EEUU Al Gore. «Parte de esto toca la cuestión más profunda que se planteaSilicon Valley a sí mismo», apuntaMuro. «¿Son140 caracteres un retorno suficientesobre todo este capital? ¿O existe un deseo real de resolver losproblemas del mundo?».


por
trad. Teresa Woods»

Walter Frick es editor adjunto de ‘Harvard Business Review’.«

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