Trump, la globalización y el futuro incierto del comercio internacional

La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos hace que el Brexit parezca un pequeño desliz.Como dijo el líder del Partido de la Independencia de Reino Unido, Nigel Farage, la victoria de Trump es «el Brexit al cubo«. Estenuevoescenarioexigiráa los negocios replantearse su visión de la globalización, empezando por los aspectos que más critica Trump.

Hasta ahora, los planes de Trump se han centrado en limitar dos de los aspectos más característicos de la globalización: el comercio y la libre circulación de personas.

Larestricción de la entrada de personas al país –no sólo inmigrantes ilegales,también musulmanes– hasido uno de los temas estrella de la campaña de Trump. La inmigración tiene muchas probabilidades de verse sometida a nuevas presiones sin importar que la tasa de migración neta de México a Estados Unidos llevecuatro años concifras negativas. Lo mismo sucederá con aquellas personas que lleguen por motivos como estudios universitarios y turismo.

La política de Trump podría tener incluso implicaciones para la emigración de residentes estadounidenses, como quienesafirman estardispuestos a trasladarse hastaCanadá para escapar dela presidencia de Trump. Estas presiones afectarán más a algunas empresas que a otras. El movimiento transfronterizo de personas tiene un interés directo para determinados tipos de empresas, incluidas las aerolíneas, los operadores de tiendas duty free y las empresas de transferencias electrónicas.

Sin embargo, las propuestas de Trump para reconfigurar el comercio internacional sí que podrían afectar a un mayor número de negocios y empresas. En otras ocasiones se han descartado por el hecho de que la Constitución de EE. UU.atribuye al Congreso la autoridad sobre el comercio internacional. Pero este argumento parece debilitarse ante laaparente impaciencia del presidente electo con los límites constitucionalesa suacción ejecutiva. Si un presidente quiere transformar el comercio internacional puede encontrar muchas maneras de lograrlo, sobre todo si su mismo partido–aunquedividido– también controla las dos cámaras legislativas.

¿Quién debería entonces prestar atencióna una nuevapolítica comercialreformulada porTrump?

Primero, los países con los que Estados Unidos mantieneun mayor déficit comercial son candidatos potenciales.Sin duda China. Pero tambiénCanadá, Alemania, Japón, México y Corea del Sur. El presidente electo ya ha amenazado a la mayoría de estos países, como cuando habló de un arancel del45% a todas las importaciones chinas y otrodel 35% a muchos de los productosmexicanos. Si usted exporta a Estados Unidos desde estos países, quizá quiera estar atento.

Segundo, la doctrina comercialde Trump parece proponer el comercio vinculado o condicionado. Por ejemplo, menciona la posibilidad de persuadir a los países con los mayores superávits comerciales con Estados Unidos para quecomprenhidrocarburos estadounidenses. Esto suena a periodo de bonanza para el sector energético estadounidense, pero también para cualquiera que pueda satisfacer las condiciones para exportar a los países con los que Estados Unidos mantenga grandesdéficits comerciales.

Tercero, las empresas nacionales y extranjeras en EE. UU. serán sometidas amayor presión para demostrar que generan empleo local. En un momento en el que se percibe con claridad que la globalización y la automatización amenazan el empleo, esto parece una buena idea en general yno sólo en Estados Unidos.

Cuarto, tanto las multinacionales estadounidenses en el extranjero como las de otros países que busquen operar en Estados Unidos podrían verse envueltas en mayores tensionesentre gobiernos propios y anfitriones. Deben evaluar cómo enfrentarse a ello con antelación. Trumpse ha aprovechado del descontento y la ira de una parte de la población estadounidense y es muy probable que sus decisiones provoquen enfados en el extranjero.Los exportadores estadounidenses deberían estar atentos a posibles represalias por parte de otros países.

Todos estos cambios y consecuencias ofrecen un buen impulso para la reforma de la gobernanza interna de nuestras organizaciones y empresas, las cuales han sidoampliamente deslegitimadas en los últimos años. ElBrexit y la victoria de Trumpsólo sondos de los golpes más recientes. Se producirán cambios en la economía global con o sin la participación de estas organizaciones. En el mejor de los casos, ellas y sus misiones de internacionalización seguirán siendo relevantes en el nuevo mundo en lugar de verse totalmente dejadas de lado.


por
trad. Teresa Woods»

Pankaj Ghemawat es profesor de administración de empresas y estrategia y director del Centro para la Globalización de la Educación y la Administración Empresarial de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York (EEUU) y profesor de estrategia global de la Escuela de Negocios IESE (España). También es el autor de ‘World 3.0: Global Prosperity and How to Achieve It’.«

También te pueden interesar