Los graduados durante las recesiones ganan menos, pero son más felices

Se sienten más agradecidos por los trabajos que tienen y menos frustrados

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Cuando las personas que se graduaron en 2009, 2010 y 2011 llegaron al mercado laboral, sus oportunidades de empleo eran deprimentes. Las tasas de desempleo estaban en sus máximos históricos y las vacantes eran escasas. Nueve meses después de la graduación, solo el 56% de la generación de 2010 había encontrado un trabajo. Muchos de ellos tenían empleos temporales, sin prestaciones o sin necesidad de un título universitario.

Estas primeras experiencias de carrera profesional parece que tienen unas duraderas consecuencias negativas para el éxito laboral posterior. Por ejemplo, las personas que se graduaron en recesiones ganan menos dinero que los que lo hicieron en tiempos económicos más favorables, incluso décadas más tarde. También tienden a trabajar para empresas más pequeñas, menos prestigiosas y que pagan menos. Patrones similares surgen entre las personas que alcanzan la cima de su vida profesional: los CEO. Los graduados en recesión que se convierten en CEO suelen tener empresas más pequeñas y menos reconocidas que los que comenzaron a trabajar en tiempos económicos más prósperos.

Si bien hay pocas dudas de que las recesiones tienen efectos negativos duraderos sobre los salarios y el prestigio profesional, parece que tienen algunas consecuencias sorprendentemente positivas para otros aspectos de la vida laboral.

Por un lado, las personas que empiezan a trabajar en una recesión tienden a ser más felices con sus trabajos, en comparación con las personas que se gradúan en mejores tiempos económicos. Por ejemplo, en un estudio analicé las actitudes laborales de 1.638 personas en un período de 15 años. A pesar de que ganaban menos dinero que las personas que comenzaron sus carreras en mejores tiempos económicos, los graduados en recesión fueron significativamente más felices con sus trabajos tanto al inicio de sus carreras como años después. Esto no se podía explicar por las diferentes elecciones de industrias o profesiones. En realidad, los graduados en recesión tendían a pensar en sus trabajos de manera más positiva y, al final, más satisfactoria. En lugar de reflexionar sobre los caminos que no habían seguido o de preguntarse qué podía haber pasado, se centraron en lo bueno en sus trabajos y se mostraron más agradecidos por los trabajos que desempeñaban. Las personas que comenzaron sus carreras en tiempos más prósperos, por otro lado, eran más propensas a arrepentirse, a tener dudas y a preguntarse qué hubiera pasado si…

El hecho de empezar a trabajar en una recesión parece que afecta no solo el modo en el que esas personas piensan sobre sus trabajos, sino también sobre sí mismas. Una forma de medir la autoestima es el narcisismo: la creencia de que uno es especial, único y tiene derecho a buenos resultados. Esta forma de ser puede resultar difícil en el trabajo. Los narcisistas tienden a centrarse en sus propios intereses, incluso si eso es perjudicial para los demás. También es muy probable que se enojen o se vuelvan agresivos y que roben a sus empleadores o accionistas.

Una razón por la que los graduados en recesión podrían tener menos probabilidades de desarrollar esa sensación grandiosa de sí mismos es que el narcisismo parece estar neutralizado por la adversidad y los contratiempos. Las personas que comienzan su carrera durante las recesiones económicas a menudo tienen más dificultades para encontrar trabajo y crear sus carreras. Muchos se ven obligados a regresar a casa de sus padres, a trabajar en puestos que no requieren un título universitario o combinan empleos a tiempo parcial. Si bien estos desafíos dificultan la creación de la independencia y de una carrera profesional, también parece que obstaculizan el desarrollo de un ego excesivo.

De hecho, analicé si graduarse en una recesión modera el narcisismo, utilizando datos de una muestra representativa de más de 30.000 estadounidenses. Descubrí que las personas que entraron en la edad adulta durante peores tiempos económicos eran menos narcisistas que aquellas que alcanzaron la mayoría de edad en tiempos más prósperos. Efectos similares incluso surgieron entre los CEO. Los líderes de compañías que comenzaron sus carreras en tiempos económicos desafiantes eran menos narcisistas que los CEO que iniciaron sus carreras en tiempos más prósperos.

Si empezar a trabajar durante una recesión afecta al sentido del ego y de los derechos de las personas, ¿podría también afectar a su disposición de involucrarse en prácticas poco éticas de sus negocios? Algunas pruebas sugieren que sí podría. El estudio anterior ha demostrado que los narcisistas son más propensos a comportarse de forma poco ética, sabotear a sus compañeros de trabajo y ser condenados por delitos de guante blanco. Dado que los graduados en recesión no suelen ser narcisistas, ¿también podrían ser menos propensos a cruzar líneas morales y éticas? Trabajando en esta idea, mi colega Aharon Mohliver y yo descubrimos que los CEO que comenzaron sus carreras en peores tiempos económicos tenían menos probabilidades de antedatar sus opciones sobre las acciones, una práctica poco ética, ilegal y común a finales de la década de 1990 y principios de la de 2000. Así que no solo los graduados de la recesión tenían menos probabilidades de considerarse a sí mismos como extremadamente importantes y que se merecían la atención y los elogios desmesurados, sino también es menos probable que adopten un comportamiento para enriquecerse a costa de sus empresas.

Muchas personas que comenzaron su carrera durante la Gran Recesión todavía sufren las consecuencias de empezar a trabajar durante esa época agitada e incierta. Pueden tener huecos en sus currículums y menos ceros en sus salarios. Pero estas experiencias difíciles podían haberles ayudado a formarse como empleados más felices, menos egocéntricos y más éticos.


por
trad. Ana Milutinovic

Emily C. Bianchi

Es Profesora Asistente de Organización y Gestión en la Escuela de Negocios Goizueta de la Universidad de Emory (EE.UU.). Su investigación analiza cómo convertirse en adulto en una recesión influye en las actitudes y los comportamientos posteriores, así como el modo en el que las condiciones económicas actuales afectan las interacciones interpersonales, el apoyo social y la cooperación.