El poder no siempre corrompe, pero aumenta el egocentrismo

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Las anécdotas desde luego sugieren que el viejo cliché de queel poder corrompe a las personan es cierto. Los casos de líderes poco éticos y deshonestos aparecen en los periódicos y los libros de historia con una regularidad alarmante. Pero, ¿hemos confirmadoque la gente que ostenta puestos de poder es menos éticaque la población general? Un grupo de sociólogos lleva algunos años intentando contestar a esta pregunta.

La respuesta a esta pregunta, al igual que la respuesta a la mayoría de preguntas así, es “depende”. Una cosaestá clara: un importante número de investigaciones demuestra queel poder altera la psicología humana. La gente que se siente poderosa piensa, se siente y se comporta de forma distinta a la gente que se siente impotente.

También existe un amplio abanico de estudios empíricos que sugieren quela gente sí se aprovecha de su poder, ya sea poco o mucho. El poder puede provenir de un salario alto, de un elevado puesto dentro de la jerarquía de una organización, de una elevada clase social o simplemente el hecho de disponer de más opciones. Tienenmayores probabilidades de ser mal educados y de hacer trampas. La gente que conduce coches carostiende a ceder menos el paso a un peatón, por ejemplo. Y en una serie de experimentos de laboratorio,los individuos de clase altatienden a mentir másdurante una negociación y a hacer trampas para aumentar sus probabilidades de ganar un premio.

Los poderososno sólo hacen más trampas, sino que las hacen de forma más natural. Un proyecto de investigación, aún en fase de revisión, realizado con compañeros de las universidades de California en Berkeley, Kellogg y Columbia (todas en EEUU) reveló que los participantes que habían sido preparados para sentirse más poderosos fueron mejores mentirosos que los que habían sido preparados para sentirse menos poderosos. Es decir,sus mentiras tenían más probabilidades de pasar desapercibidaspor la gente.

¿De dónde nace la tendencia inducida por el poder de comportarse de forma no ética? Las pruebas anteriores señalan dos factores principales:el poder reduce las inhibiciones y aumenta el egocentrismo. Un informe de revisiónpublicado enCurrent Opinions in Psychologyque escribí en colaboración con Joris Lammers, Adam Galinsky y Derek Rucker resume esta investigación.

Primero, el poder desinhibe a la gente, que a su vez se vuelve menos dispuesta a respetar las normas sociales. Por ejemplo, Adam Galinsky descubrió que los participantes que fueron inducidos a sentirse poderosostuvieron mayores probabilidades de apagar un molesto ventilador que les echaba aire a la cara que los participantes inducidos a sentirse menos poderosos. La mayoría de la gente se siente inhibida acerca de hacer trampas incluso cuando desean hacerlo, pero los individuos que experimentenuna sensación de poder pueden superar estas inhibicionesy aprovecharse de sus acciones para su propio beneficio.

Segundo, el poder aumenta el egocentrismo, que a su vez tiende a hacer que la gente poderosapriorice más sus propias necesidades sobre las necesidades de los demás. Por ejemplo,la gente que gana menos de 25.000 dólares (unos 22.800 euros) al año dona el 4,2% de su sueldo, mientras la gente que gana más de 150.000 dólares (unos 137.000 euros) al año sólo dona el 2,7%. En una impactante prueba de este efecto, mis compañeros y yoasignamoslos participantes al papel de empleado o de jefe para un juego que formaba parte de una sesión formativa

Antes de arrancar el juego, pedimos a cada participante que hiciera una selección de chocolatinas Hershey y que la preparase en algunos casos para una persona de su libre elección, en otros para ellos mismos. Los resultados revelaron que los participantes más poderosos compraron bastantes más chocolatinas cuando iban destinados a ellos mismos (unas 31) que cuando iban destinados a otra persona (unas 14). En contraste, los participantes menos poderosos compraron más cuando las compraban para otros. Estos resultados sugierenel poder tiende a aumentar la importancia que la gente se asigna a sí mismaen comparación con la importancia que asignan a los demás.

¿Cuáles son las implicaciones de un aumento del egocentrismo para los comportamientos poco éticos? El poder desde luego puede fomentar la corrupción, especialmente cuando los comportamientos poco éticos beneficien a uno mismo. En contraste, la falta de poder fomentará la corrupción cuando el comportamiento poco ético beneficie a otros. Por ejemplo,en un estudiomis compañeros y yo introdujimos estados de poder o impotencia y entonces pedimos a los participantes que informaran de las probabilidades de que adoptasen un comportamiento no ético que beneficiase a uno mismo en comparación con otro que beneficiase a otros. Por ejemplo, mentir acerca de la razón por la que el participante no entregó un trabajo. Los resultados demuestran que los participantes poderosos tienen unas probabilidades mucho más altas de mentircuando la mentira les beneficiaría directamenteque cuando beneficiaría a otra persona. Lo opuesto se encontró en el caso de los individuos menos poderosos: hicieron significativamente más trampas para “salvar” a un conocido que para salvarse ellos mismos.

Menos inhibición y mayor egocentrismo no tiene por qué ser necesariamente negativo. Un líder sin inhibiciones tiene mayores probabilidades de hablar durante una negociación y llegar a acuerdos ventajosos, de objetar cuando sea testigo de una injusticia y de instar a toda la organización a respetar las normas éticas. Un líder centrado en sí mismo tiende a conseguir lo que él o ella necesite, incluidos los recursos adecuados dentro de la organización, e influencia dentro del mercado.

Pero, ¿cómo pueden mitigarse los efectos negativos del poder como la tendencia a hacer trampas? Por desgracia, no disponemos de una repuesta única ysencilla. Sí disponemos de pruebas de quelos líderes pueden aprender “a tomar perspectiva“. En otras palabras, pueden desarrollar el hábito de preguntar: “¿Qué piensa o quiere la persona que tengo sentada frente a mí? O, ¿si yo me encontrara al otro lado de la mesa, ¿qué me parecería justo? O, ¿querría que esta decisión figurara en portada delWall Street Journal? La toma de perspectiva puede quedar impresa mediante cortos ejercicios o desarrollarse mediante formaciones.

En general, la idea de que el poder corrompe, sí o sí, es claramente errónea. Es más acertado decir queel poder transforma el comportamiento de los líderes de dos formas: la desinhibición y el egocentrismo. Ese conocimiento nos puede ayudar a entender cuándo el poder dará paso a la corrupción y cuándo fomentará comportamientos éticos, y también señala algunas vías de mejora, como tomar perspectiva y desarrollar la empatía.


por
trad. Teresa Woods

David Dubois es profesor adjunto de INSEAD

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