Desglobalización: ¿Por qué deberían preocuparse las empresas?

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En un mundo cada vez más plagado de populismos nacionalistas, las empresas deben aprender a reposicionarse

Las pruebas de la desglobalización–basta pensar en el Brexit y otros ataquesa la interdependencia internacional– están por todas partes. Sus consecuencias son importantes y de gran alcance para las decisiones empresariales.

Las juntas directivas de corporaciones globales se enfrentarán cada vez más a decisiones estratégicas y de colocación de capitales condicionadas por riesgos geopolíticos cada vez mayores. Tres tendencias definen el entorno en el que las grandes empresas tendrán que competir: un mayor proteccionismo comercial paralelo a la caída del comercio mundial, una reducción del flujo de capitales internacional, y una regulación cada vez más restrictiva.Esto significa que, en la práctica, el nuevo rumbo político global está obligando a las grandes multinacionales a reducir su tamaño y desprenderse de parte de sus operaciones internacionales.

Según la Organización Mundial del Comercio, el comercio internacional crecerá este año al ritmo más lento desde 2007. En 2015, Global Trade Alert, un grupo independiente de monitorización del comercio, citó al menos644 medidas comercialesdiscriminatorias impuestas por las economías del G20con Estados Unidos a lacabeza. Las importaciones entre las 20 economías más grandes del mundo han reducido su aportación al producto interior bruto de cada país durante cuatro años consecutivos.

Mientras tanto, el Instituto de Finanzas Internacionales predijo que el flujo neto de capitales en los mercados emergentes seríanegativopor primera vez en 2015 desde 1988. Los préstamos internacionales, medidos por los reclamos transfronterizos del Banco de Pagos Internacionales, se han reducido en 2,6 billones de dólares (unos 2,4 billones de euros), o el 9%, durante los últimos dos años. Con tan solo 646.000 millones de dólares (unos 590.000 millones de euros), la inversión extranjera directa en economías ricas ha caído un 40% desde su máximo nivel antes de la crisis financiera. Una regulación más estricta, con mayores reservas de capital tanto para bancos como instituciones financieras globales, limitan el crédito justamente cuando las empresas más internacionales lo necesitan, agravan el difícily lento crecimiento económico en el que seguramente muchas de las empresas tengan que luchar por mantenerse.

Cada uno de estos cambios tiene consecuencias en cómo se gestiona hoy una empresa multinacional. Como mínimo, las juntas directivas necesitan entender el difícily mutante entorno económico y geopolítico actual. Asuntos como las licencias comerciales, el riesgo de expropiación, las políticas volubles (como un régimen fiscal que cambia de un día para otro) y las inclinacionesproteccionistas que limitarán dónde, cómo y si se pueden vender bienes y servicios con éxito y de manera competitiva a través de las fronteras están en continua discusión.En cada uno de estos escenarios, una corporación puede sufrir pérdidas sustanciales en inversiones hechas de buena fue en un escenario político muy distinto.

Estos macrocambios también afectarán a cómo se financian las grandes empresas. Tendrán que averiguar cómo desenvolverse con retos financieros cada vez mayores y problemas de financiación cuando se enfrenten a un mayor control de capitales que podría limitar la capacidad de pagar a los accionistas fuera de las fronteras. Además, habrá nuevas dificultades para gestionar los presupuestos y otras decisiones financieras de mayor calado; sobre todo mientras operaciones como las decarry trade(pedir préstamos de interés bajo en países desarrollados e invertir en mercados emergentes de mayor rendimiento) pierdan su atractivo. Más aún, a medida que operaciones como esta, que presuponen que el capital puede circular libremente, se sustituyan por organizaciones más aisladas y regionales,el capital de inversión tendrá que recaudarse, obtenerse y devolverse a los accionistas de formas cada vez más locales.

Las consideraciones sociales transfronterizas también resultaránmás difíciles y urgentes a medida que muchas compañías revisen su presenciainternacional y, en algunos casos, decidan desescalar su actividad internacional frente a políticas más restrictivas y una regulación en constante evolución.Aun así, la responsabilidad de las empresas con una plantilla internacional enfrentada a recortes, el desmantelamiento de operaciones internacionales, las obligaciones medioambientales, fiscales y normativas pueden exponer a las empresas a gastos y riesgos incluso después de frenar su actividad. Se necesita una hábil gestión desensibilidades interculturales.

Este año, por ejemplo, el Comité de Inversiones Extranjeras del Gobierno de Estados Unidos bloqueó una transacción de 3.000 millones de dólares (unos 2.747 millones de euros) paraPhillips que pensaba ofrecer su división de componentes de iluminación a compradores asiáticos. El Gobierno estadounidense alegó razones de seguridad. En 2014, Pfizer, una farmacéutica estadounidense, tuvo que desistir de comprar el fabricante de fármacos británico AstraZeneca por 106.000 millones de dólares(unos 97.000 millones de euros) por la oposiciónde los políticos británicos. El entoncesprimer ministro del Reino Unido, David Cameron, declaróque se necesitabamás compromiso por parte de Pfizer para proteger los empleos británicos. También que la oferta probablemente tuviera que someterse a una “prueba de interés público”, lo que permitiría al gobierno intervenir en el acuerdo antes de aprobar la compra de la empresa británica.Estos ejemplos demuestran que la seguridad nacional y las decisiones políticas pueden anteponerse a las consideraciones puramente económicas y comerciales, lo que fácilmente puedealterar los planes estratégicos de una empresa.

Es cierto que, según ha ido pasando el tiempo, los problemas tradicionalmente clasificados como sociales como la amenaza que presenta la tecnología para el empleo, el agravamiento de la desigualdad de ingresos y la preocupaciónmedioambiental se han integrado cada vez másen el razonamiento y las decisiones de las juntas directivas. Sin embargo, los últimos cambios económicos y políticos globales exigen que las juntas valoren aún más la experiencia y conocimiento entemas quetradicionalmente han sido objetode las políticas públicas. Los Derechos Humanos, elcontratosocial, la utilidad de la clase política local y las limitaciones y opciones de la legislación sonfactores que pueden frustrar cada vez más los planes de juntas y equipos directivos.


por
trad. Teresa Woods

Dambisa Moyo es economista internacional y forma parte de las juntas directivas de Barclays Bank, Chevron, Barrick Gold y Seagate Technology.

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