Amar al emprendedor, olvidar al ejecutivo

Todo el mundo alaba los emprendedores, pero ¿lo merecen?

Los estadounidenses aman a los emprendedores. En cada una de las encuestas que he visto, los emprendedores están altamente valorados incluso cuando se desprecian los grandes negocios. ¿Por qué?

El afecto hacia los emprendedoresestá relacionado con el respeto de los estadounidenses por los negocios más pequeños, los mismos con los que se suele asociar el emprendimiento.

La visión tan positiva sobre los pequeños negocios se debe en parte a la idea ampliamente extendida de que son las pequeñas y medianas empresas las que generan casi todo el empleo. Es verdad en buena parte, pero también un ejemplo recurrente de la práctica omnipresente de mentir con estadísticas.

En términos generales, lasempresas con menos de 100 trabajadores son las que crean el mayor número de puestos de trabajo cada año en comparación las empresas medianas (entre 101 y 499 trabajadores) y las grandes (más de 500 trabajadores). Sin embargo, las pequeñas también son las que más empleo destruyen cada año. Las empresas pequeñasson simplemente la mayor fuente de rotación de personalde la economía, no el mayor creador deempleo neto.

No es lo único. Las empresas pequeñas tienen otras características no necesariamente agradables. Sus sueldos son notablemente más bajos, su productividad menor, innovan menos y además exportan menos que las empresas de mayor tamaño. Por lo tanto,un emprendedor que dirige una pequeñastart-upno debería verse como alguien tan excepcional, sobre todo si se le compara con ejecutivos experimentadosque crean trabajos mejorremunerados, más productivos e innovadores.

La historia no termina aquí.Las empresas más valiosas para la economía son las pequeñas que se convierten en grandes.Estas empresas sí que crean un gran un número de puestos de trabajo netos, trabajos que se convierten en innovadores, en puestos bien remunerados, de alta productividad, y en dinamizadores de la exportación. Los emprendedores que crean y dirigen esas empresas sí que merecen admiración.

¿Qué convierte entonces a los emprendedores en un objeto de deseo?Atacan elstatu quoy lo transforman en algo sustancialmente mejor.Por ejemplo, a finales de la década de 1960, Fred Smith observó un desequilibrio desagradable en la entrega de paquetes. Si uno quería enviar urgentemente algo de Boston a Los Ángeles (ambas en EEUU), necesitaba contactar con una empresa de envíos en Boston que enviaría un camión para recoger el paquete. Después, esa empresa contrataría a otra empresa transportista para enviar el paquete por avión desde Boston a Los Ángeles para volver a contratar a otra empresa de reparto en Los Ángeles que entregara el paquete en la dirección de destino.

Smith comprobó queel sistema rara vez funcionaba sin contratiempos. Si fallaba y el cliente reclamaba, la terna de proveedores se acusaba mutuamente sin arreglar el problema del cliente. No había solución. Uno mandaba el envío, cruzaba los dedos y le decía al destinatario que lo recibiría lo más rápido posible, fuese cual fuese el plazo real. Tantos los remitentes como los destinatarios asumían este esquema a pesar de su pésima calidad.

En 1971, Fred Smith empezó un pequeño negocio pensado para transformar completamente ese equilibrio. Cuando algo tenía que llegar sí o sí y a tiempo, FedEx lo logaría. 45 años después,«FedEx» se ha convertido en un verbo en inglés y tiene una plantilla de 168.000 empleadosaltamente productivos que permiten los 50.000 millones de dólares(unos 47.000 millones de euros) de ingresos que genera su sistema. Es más, FedEx ha engendrado un montón de imitadores que han llegado a crear mayor valor añadido e incluso más empleo.

Ese tipo de emprendedor es un diamante en bruto.Transforman unstatu quo no deseadoy generan enormes beneficios para la economía. Por eso reservo mi definición de «emprendedor» para las personas que logran hacer.

Sigo sin creer que debamos valorar más a una persona que lanza un negocio exitoso que a un ejecutivo que ya dirige un negocio estable y rentable. Desde luego, deberíamos venerar a las personas que identifican un desequilibrio en el mercado y crean una manera de transformarlopara terminar con él y crean, durante el proceso, grandes empresas con empleos sostenibles y productivos. Son el ejemplo del emprendimiento como una fuerza para el bien en el mundo.


por
trad. Teresa Woods»

Roger L. Martin es profesor y antiguo rector de la Escuela Rotman de Negocios de la Universidad de Toronto (Canadá). Es coautor de ‘Playing to Win’ (Harvard Business Review Press, 2013).«

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